COSTILLAS DE TERUEL ADOBADAS, CON GUARNICIÓN DE PIMIENTOS EN SALSA BARBACOA

FLOR DE NAVARRA

COSTILLAS DE TERUEL ADOBADAS, CON GUARNICIÓN DE PIMIENTOS EN SALSA DE BARBACOA, ENVUELTAS EN MASA DE PIZZA

(ELABORACIÓN COMBINADA DE COCCIÓN AL VACÍO, BAJA TEMPERATURA, Y HORNO)

 INGREDIENTES:

 De la masa para envolver:

o Harina de Fuerza, W300”, o”0”, suficiente, calculando 100 gramos, por comensal. o Una cucharada de sémola de trigo duro, por cada medio kilo de harina. o Una cucharada de harina de malta de trigo, por cada medio kilo de harina. o Levadura fresca, según peso de harina a trabajar, siguiendo las instrucciones del fabricante. o Un pellizco de masa madre. o Dos cucharaditas de sal marina, por cada medio kilo de harina. o Cuatro cucharadas de aceite de oliva. Virgen Extra, por cada medio kilo de harina. o Una cucharadita de azúcar, por cada medio kilo de harina. o Una taza de agua templada, por cada medio kilo de harina. o Huevo batido para pintar y dorar la masa.

 De las costillas:

o Un costillar de cerdo de Teruel, por cada dos comensales.

 Del adobo para las costillas:

o Pimentón agridulce murciano. o Pimienta negra, recién molida. o Nuez moscada, recién rallada o Grasa de pato, u oca.

 De la salsa barbacoa:

o Un pimiento verde. o Un pimiento rojo/morrón. o Una cebolla. o ½ docena de dientes de ajo, pelados. o ¼ de litro de salsa de kétchup. o Una cucharada colmada de orégano en hoja. o Una cucharadita de pimentón picante. o Dos cucharaditas de salsa de soja. o Una cucharada y media, de harina refinada de maíz. o Dos cucharadas de vinagre de vino blanco. o Una cucharadita y media, de pimienta negra, recién molida. o Una cucharadita de sal marina, yodada.

 De la cobertura para remate final:

o Miel de romero para abrillantar. o Colorante alimentario para decoración.

 Guarnición del plato:

o Rúcula, o cualquier hortaliza en crudité.

 INTRODUCCIÓN:

Fieles como siempre a nuestro compromiso, esta semana la dedicaremos a las ediciones de Navarra/Pamplona, y a la de la Costa Blanca de Alicante, por ser las siguientes en entrar en un mítico, y exclusivo club, de cultura general, y que solo se puede acceder a él, cuando se sobrepasa el trillón de reproducciones en una sola publicación, y en un solo día. Y como dijimos en nuestra publicación extraordinaria esta misma semana, a consecuencia de la tragedia cultural del Museo Nacional de Río de Janeiro, este país, Brasil, también ha entrado en nuestro pequeño Olimpo y, por tanto, también será motivo de honores la semana que viene, así como otro país más que, muy posiblemente, también alcance la gloria esta misma semana, pero que de momento nos reservamos. Si se fijan bien, es cuando menos muy curioso el que apenas hace dos meses, a principios del mes de julio, los dos territorios que tratamos esta semana, con gentes e idiosincrasias tan diferentes entre sí, y a los que en esta edición semanal rendimos todos los honores, apenas andaban por los dos mil, y quince mil billones respectivamente, de reproducciones en un solo día, y que, en cambio, y a día de hoy, la primera ande ya por los dos trillones, y la segunda por los cinco. Cifras estas que jamás habían alcanzado ni soñado nunca, lo cual, y en nuestra más humilde opinión, viene a demostrar que algo debemos de estar haciendo bien, ¿no creen? Bien, pues empecemos por tierras navarras, y en donde de una forma u otra, lo que vamos a elaborar es una fusión de humilde y sencilla pizza, con carnes de primerísima calidad y exquisitez, y vamos a acompañarlo todo ello de una de las salsas más típicas y tópicas usadas para este efecto, y que es la salsa de barbacoa, con su característico sabor ahumadito o quemadito, de lo más apropiado para este conjunto, y para esta particular ocasión, en la que rendimos honores a nuestro tan querido terruño navarro. Esperemos pues que les guste esta original e inédita receta, concebida exprofesamente para el día de hoy, y para Navarra, y pensada para que la disfruten, y cuanto antes, la pongan en práctica, porque no es verdad que el león sea tan fiero como lo pintan.

Del cerdo de Teruel:

La carne de cerdo, en general, ha sido tradicionalmente considerada como un producto demasiado graso. Sin embargo, hoy en día sabemos que la calidad de su grasa y la cantidad y calidad de sus proteínas la hacen muy adecuada para el estándar deseable de una carne de calidad, y donde diversos estudios señalan el beneficio de este tipo de carne incorporada a la dieta diaria, como factor de prevención de distintas enfermedades. La buena alimentación que se le da al cerdo destinado a la Denominación de Origen “Teruel”, da como resultado no sólo un exquisito jamón, sino también una carne fresca de primera calidad, de sabor delicado, textura tierna, notable jugosidad, de un color rosa oscuro y de unas propiedades muy aconsejables para seguir una dieta equilibrada, en contra de lo que algunas personas creen. Estos animales proceden de una cuidada selección de razas, con los cruces de Duroc, por parte de padre, y Landrace, y Large White, por parte de la madre. Además, la buena alimentación y el exquisito cuidado que reciben los animales desde que nacen, dan lugar a un tipo de carne firme, rosada, y con infiltración de grasa, mucho más jugosa y sabrosa que la carne de cerdo convencional. Pero recuerden que la OMS, que para algunas cosas sí que sirve para algo, categoriza la carne de cerdo como carne roja. Lo mismo que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (que a veces también sirve para algo), por contener significativamente más “mioglobina”, que el pollo, las aves en general, o el pescado, a pesar del color más claro que adquiere al ser cocinada.

 Principales nutrientes de la carne de cerdo de Teruel:

La carne de cerdo, en general, es un alimento rico en vitamina B1, no contiene azúcar, y entre las principales propiedades nutricionales de esta exquisita carne, cabe destacar siguientes nutrientes:

MINERALES: hierro, calcio, potasio, yodo, zinc, magnesio, sodio, fósforo VITAMINAS: A, B2, B3, B5, B6, B7, B9, B12, trazas de vitamina D, E y K. APORTE ENERGÉTICO: 352 kcal/100grs, de su carne útil. CONTIENE: proteínas, colesterol, grasa, y purinas. NO CONTIENE: fibra, carbohidratos, azúcar, ni vitamina C. BENEFICIOS: Por su alto contenido en vitamina B1, ayuda a superar el estrés y la depresión. Recordemos que los alimentos ricos en vitamina B1, o tiamina, tales como esta carne, son muy recomendables en periodos de embarazo o lactancia, y también después de operaciones, o durante periodos de convalecencia, debido a que en estos periodos hay un mayor desgaste de esta vitamina.

 ELABORACIÓN:

 De la masa para envolver:

Para esta ocasión, y para que vean y observen la versatilidad de un tipo concreto de masa, se ha decidido emplear la formula, otras veces descrita, para la masa de pizza, entre otras cosas por su liviandad y suavidad, y poca cantidad relativa y real, de carbohidratos que la misma aporta en cada ración, puesto que dependiendo del uso, aplicación y modo de cocción que se le dé, puede servir para hacer muchas más cosas que una simple pizza, que como tal, ya estaría mucho más que bien, pero que aquí hemos querido rizar el rizo, y la hemos usado a modo de empanada, envuelto, o típica “ripiena”. En un recipiente aparte, desleímos la levadura, junto con la masa madre, y el azúcar en el agua descrita, templada de forma y manera que no debe estar, ni demasiado fría, porque si lo está, la levadura no le imprimirá suficiente fuerza a la masa para que, posteriormente, esta pueda subir o levar; ni muy caliente, porque entonces se destruirían y morirían los fermentos naturales contenidos tanto en la propia levadura, como en la masa madre. Sobre mesa de trabajo, bien limpia, procedemos a tamizar la harina, formándole un hueco, en el centro, en forma de volcán. Agregamos, en el centro o hueco, la sal y el aceite, removemos un poco, a fin de evitar que la sal impregne directamente a la levadura ya disuelta, y de esta forma se ralentice la fermentación. Ahora, añadimos, en el centro o hueco, poco a poco, el agua con la levadura, y procedemos a amasar, rápida, y enérgicamente, todo el tiempo que sea necesario hasta que se nos forme una masa fina, compacta, y muy homogénea. Haremos una bola con ella, y la depositaremos en un cuenco, a ser posible de barro cocido, a temperatura ambiente. Con ayuda de un cuchillo, le practicaremos por encima una cruz y, seguidamente, la cubriremos con un trapo limpio, ligeramente humedecido con agua, dejándola bien envuelta, dentro de dicho recipiente. Dejaremos reposar entre una hora, u hora y media, en algún lugar cálido, y sin corrientes de aire de ningún tipo. Cuando observemos que la masa ha doblado su volumen, la extraemos y volvemos a amasar, muy bien, y exactamente igual que antes, otros ocho, o diez minutos más. Volvemos a depositarla en el recipiente, le volvemos a practicar el corte en cruz, y la volvemos a enrollar, también otra vez y de nuevo, con el trapo húmedo. Esta vez dejaremos reposar apenas quince, o veinte minutos. A partir de aquí, cortaremos, o dividiremos la masa, en tantas raciones como sea necesario, dejando siempre el resto de la masa bien envuelta con el trapo, mientras se va estirando la cortada, o separada ya. Para estirarla, si no se tiene mucha práctica, es conveniente hacerlo sobre alguna especie de bandeja, o molde redondo, previamente enharinado, y que nos dé una forma redondeada, de aproximadamente, unos dos, o tres milímetros de grosor (como se ha dicho, esta parte de la receta no debe de aportar más calorías que las estrictamente necesarias, y por tanto, la masa debe de ser lo más fina, pero manipulable, que ello nos sea posible), para después recortar a cuchillo los excesos de masa en las partes que sobre algo. A continuación, haremos lo mismo con el resto de las que se vayan a preparar. Recuerden que, para esta propuesta, son necesarias dos bases: una que haga la función propiamente dicha de base, y otra que haga la función de tapa, y que tendremos que preparar tantas bases y tapas como sea menester, puesto que por el diseño de misma que se le ha dado, cada una de ellas tan solo podrá servir para dos, o tres comensales a lo sumo.

 De la preparación de los costillares:

Pediremos al carnicero que con ayuda de sierra industrial nos recorte perfectamente el, o los costillares, longitudinalmente, a fin de que todas las costillas tengan la misma longitud y grosor. Esto es muy importante, para que, a la hora de la cocción, todas ellas cuezan parejas y similarmente, y su textura sea exactamente igual. Después le pediremos que nos las divida por la mitad, en trozos exactamente iguales. Ya en cocina, con ayuda de cuchilla bien afilada, puntilla, o bisturí quirúrgico, las terminaremos de recortar, igualar y limpiar de excesos de grasa y pielecillas. Las pasaremos por llama viva o soplete de cocina, a fin de sellarlas un poco y que mantengan su forma original.

 Del adobo y envasado:

En un cuenco o bol, derretiremos la grasa de oca o pato y añadiremos una o dos cucharaditas de cada uno de los ingredientes descritos, pero en ningún caso añadiremos sal. Mezclaremos profusamente, y con ella embadurnaremos muy bien todos los trozos de costillar de cerdo que se vayan a elaborar. Con gracia, soltura, e hilo de bramante suficiente, los ataremos fuertemente yuxtaponiéndolos entre sí, es decir, la parte más gruesa de una, debe de coincidir con la más estrecha o delgada de la siguiente, y a sí, sucesivamente. Una vez bien atados, los introduciremos, todos juntos, y como máximo cuatro, en una bolsa suficientemente grande de vacío. Si fuesen más de cuatro, repetiremos la misma operación tantas veces como ello sea necesario, y de la misma forma y manera. Recuerden que cuando se adoba, el tiempo en que se realice es fundamental, porque cuanto más tiempo le demos, más sabroso estará el resultado. Por ello, y una vez dispuestos los costillares ya en su bolsa de vacío, los dejaremos marinar y adobar bien, al menos de un día para otro, bien guardados en frigorífico, que además vendrá bien, puesto que la grasa utilizada se solidificará y quedará retenida cuando después le practiquemos el vacío.

 Del vacío:

Para este paso, si no se dispone de máquina a tal efecto, se le puede pedir al mismo carnicero (si dispone de ella y está amablemente receptivo para hacerlo), que nos facilite las que hagan falta, y llevársela o llevárselas después de estar preparadas, para que él mismo nos practique el vacío con aparato al efecto, de tipo industrial, o más profesional. Y si se dispone de una de ellas, de tipo doméstico, lo haremos nosotros mismos, asegurándonos que está perfecta y correctamente bien hecho el vacío, y que el plástico utilizado sea de la máxima calidad. Antes de practicar el vacío a la, o las, bolsas plásticas, tal y como ya hemos dicho, convendría darles un golpe intenso de frío, en el congelador, a fin de que la grasa, junto con las especias, solidifique y no se corra el riesgo de que, al vaciar el aire contenido, la succión hiciese que se vaciasen también los ingredientes añadidos, junto con los jugos internos que deben de tener, y que como resulta del todo lógico, deben de conservarse intactos. Y mejor aún, si se dejan enfriar y marinar, de un día para otro, antes de practicarles el vacío.

 De la cocción a baja temperatura:

Una vez conseguido esto, introduciremos la bolsa, o bolsas, en una olla o marmita, lo suficientemente grande para que quede, o queden, bien holgada, u holgadas, y la temperatura de cocción media, se pueda mantener estable, durante todo el proceso. Llenaremos hasta el mismo borde con agua corriente, y a fuego fuerte, empezaremos a calentar, hasta llegar a los 55ºC, momento en el cual reduciremos y mantendremos esta temperatura, subiendo y bajando llama durante, aproximadamente, entre 8, y 10 horas, ininterrumpidas, (las cosas buenas y exquisitas cuestan trabajo y se hacen esperar). Es imprescindible controlar la temperatura y que sea lo más estable posible a lo largo de todo el proceso. Por supuesto que a lo largo del mismo tendremos que añadir más agua, que previamente calentaremos aparte hasta una temperatura similar a la de la marmita. Observaremos que, a lo largo de la cocción, la bolsa, o bolsas, tenderán a hincharse. Ello será debido a los vapores internos que se generarán durante la cocción interna de la carne. Es por esto que conviene que la bolsa, o bolsas a utilizar, aun habiéndoseles practicado el vacío, sean bastante más grandes que las propias piezas de carne, para evitar el que, al exhalar los vapores de cocción, puedan llegar estos a hacer estallar o reventar, las propias bolsas de plástico. Una vez terminada la cocción, y oportunamente extraídas del agua, y ya hayan perdido algo de temperatura y puedan ser manipulables, al sacarlas de la bolsa de vacío comprobaremos que están extremadamente blandas, sería más que conveniente el darles, en este momento, un corto golpe de frío en el congelador, a fin de que no se nos deshagan entre las manos, al posteriormente elaborarlas o terminarlas. Cuando procedamos a abrir la, o las bolsas para continuar con la receta, los jugos que se hayan producido, procuraremos depositarlos en un pequeño recipiente o bol al uso, para utilizarlos más tarde en la elaboración de los pimientos. Pero, si por ejemplo se estuviese realizando una elaboración para repetir plato en otras ocasiones, dejaremos enfriar del todo, y observaremos como la bolsa (casi siempre, y siempre y cuando no haya sufrido daños ni por supuesto pinchazo alguno por contracción del plástico), vuelve a recuperar el vacío original, quedando otra vez casi como si no se hubiera cocido, y por lo tanto susceptibles de conservarse en frigorífico, durante bastante tiempo, o procediendo a congelarlas, con lo cual el tiempo se dilataría mucho más grandemente, todavía. Es decir, que esta es una elaboración que, aunque parezca laboriosa y larga, si se realiza inteligente, y eficazmente, servirá para presentar elegante, e inteligentemente, el mismo plato, pero con diversas terminaciones, y/o guarniciones, y en reiteradas ocasiones. Y el costo, en cambio, a excepción del de la propia carne, será el mismo, como también lo será el trabajo realizado, porque tan solo lo realizaremos una vez.

 De la salsa barbacoa:

Para esta receta, se ha elegido acompañar esta exquisita carne con salsa barbacoa que es una de las salsas más empleadas para dar sabor a ciertos platos con base de carne, e incluso para otros usos también, pero que tradicional, y fundamentalmente se suele usar como complemento ideal en las costillas y en el pollo asado. Para elaborarla y obtenerla, haremos lo siguiente: Tras lavar y descorazonar, junto con los correspondientes rabillos, y las nervaduras de los lóbulos, los dos pimientos, verde, y rojo, los picamos finamente en brunoise, junto con la cebolla y, en una sartén, en seco y sin aceite, a fuego fuerte, lo salteamos todo, como si fuésemos a tostarlo. Añadimos los dientes de ajo, finamente picados, y dejamos saltear sin parar, y que se ablanden un poco, o hasta que estén bien tostados, con un cierto puntito de quemado. Es importante que las verduras se quemen un poco en la sartén, para que la salsa nos salga y tenga, ese típico sabor de quemado/ahumado, tan característico. Aparte, y en un vaso batidor, mezclamos el kétchup, con la salsa de soja, añadimos el orégano, el pimentón picante, el vinagre, y las hortalizas recién salteadas y tostadas. Con ayuda de batidora de aspas, lo trituramos todo muy bien, y le añadimos la mitad de la harina refinada de maíz, mezclándola también. Una vez obtenida una pasta brillante y densa, la pasamos por un colador chino, o tamiz, a fin de que nos que quede bien fina y suave. A continuación, el resultado obtenido, lo colocamos en una cazuelita, agregamos la pimienta, la sal, y la otra mitad reservada de harina refinada de maíz. Con ayuda de varillas al uso, y removiendo suavemente sin parar, a fuego lo más bajo posible, dejamos que se cocine la salsa hasta que ligue, sin dejar de remover en ningún momento.

 De los pimientos:

En una sartén, previamente pintado su fondo con unas gotas de aceite, a fuego medio, procedemos a saltear los pimientos rojos, que previamente habremos limpiado y cortado en daditos de un par de centímetros, o tres, de lado. Cuando empiecen a soltar su juguito, añadimos uno, o dos dientes de ajo, bien rallados, o majados en mortero aparte, sendas pizcas de sal y pimienta, y un generoso chorrito del jugo reservado de la cocción de las costillas. A fuego fuerte, llevamos a ebullición, momento en el que reducimos la llama al mínimo, y lentamente, sin dejar de remover, esperamos a que la salsita se reduzca a prácticamente, casi seca. Una vez conseguido esto, y ya fuera de fuego, añadimos un par de cucharadas o tres, al gusto, de la salsa barbacoa que hemos preparado, removemos, mezclamos bien, y reservamos dejando que se atempere y enfríe.

 Del rellenado:

Una vez preparados y dispuestos todos los ingredientes o componentes integrantes de la receta, procederemos a pintar las masas de pizza ya estiradas, y dispuestas sobre la bandeja refractaria (previamente engrasada y enharinada), donde se vayan a cocer en el horno, y que deberán de pintarse, con un poco del jugo reservado de la cocción de las costillas, mezclándolo con un poco también, de salsa barbacoa, pero sin excedernos en el pintado de las mismas para que no ablanden en exceso dichas masas. Como por la forma y técnica de cocción utilizada para la carne, las costillas prácticamente deberán de tener una textura extremadamente blanda y jugosa, sin absolutamente ninguna dificultad podremos extraerles los huesos centrales, sin romperlas, para después con ayuda de cuchillo muy bien afilado, proceder a cortarlas por el hueco o vacío dejado por el propio hueso. A continuación, de manera ordenada, y lo más estética que se pueda, colocamos en el centro de cada una de las bases, una muy bien cumplida ración de la salsa de los pimientos, y a su alrededor, pero dejando holgura suficiente entre una y otra, colocaremos longitudinalmente, las costillas ya cortadas y que, indefectiblemente deben de coincidir con un número par (después veremos el porqué). Obviamente, en los lugares que corresponda, pero que les toquen las partes de costilla de menor tamaño, dispondremos más de una a la vez. Una vez todas bien colocadas en forma de reloj, cubriremos con otra parte de masa, ya pintada, colocando esta parte hacia abajo a modo de cobertura de la de abajo. Con ayuda de algún utensilio de tipo redondo y cóncavo, señalaremos la parte central donde se haya dispuesto la salsa de pimientos, marcándola, pero sin llegar a cortar la masa, y la dejaremos de momento así. Ajustando manualmente la capa superior contra las costillas que cubren, cerraremos y sellaremos bien el borde, a modo de empanada, para que contenga el relleno sin que sobresalga, o se derrame por el borde, y procederemos a, en forma horaria, practicar tantos cortes como número par de costillas se hayan dispuesto, empezando desde la marca que protege y aísla la salsa del centro, y hasta el mismo borde, dejándolas independientes entre sí, pero unidas al nexo central de dicha salsa. Seguidamente, sin estirar ni romper dicho nexo central, las cogeremos de dos en dos, y les daremos la vuelta en sentido total, y diametralmente contrario, para volver a unirlas después conformando una especie de hoja, que sellaremos suavemente por el centro. ¿Entienden ahora por qué deben de ser pares los cortes? Pues por eso. De forma original, y de la manera más hábil que cada uno pueda, trataremos de a darles forma redondeada, o de pico, a las hojas formadas, procurando ser todo lo más originales que la gracia y la paciencia nos den de sí. Una vez conformadas todas las hojas, procederemos ya a pintar la obra concluida con huevo batido, y la dejamos reposar en frigorífico, algo así como una, o dos horas. La masa debe de estar bien fría para que, al choque térmico con la temperatura del horno, y una vez horneada, nos quede la masa todavía más crujiente, además de un pequeño truquito adicional, que también vamos a emplear, y que a continuación explicaremos.

 Del horneado:

Una vez todas las flores estén dispuestas y preparadas, dependiendo del tamaño dado, introduciremos todas las que nos quepan de una sola vez, y a mediana altura, en el horno precalentado al máximo, y con la función de gratinador, también dispuesta y en marcha. Hasta que no se observe que la masa ha subido, y se ha estabilizado, no abriremos el horno para nada, porque de lo contrario se cortaría la cocción, quedando la masa, apelmazada, pasmada, y dura. Cuando estén estabilizadas y empiecen a tomar color, si se desea, se extraen un momento y, lo más rápidamente que podamos, las pintamos con miel previamente entibiada para que se vuelva líquida, a fin de darle mayor brillo a la masa, y que todavía quede más crujiente al enfriarse un tanto mientras se sirven.

 De la forma de servir:

En cuanto que salgan del horno, procederemos a cortar y servir en los platos de servicio al uso, todo lo más caliente que se pueda, procurando acompañar con alguna hortaliza, cruda, cocida al vapor o a la inglesa, asada, o ligeramente salteada, para que aporte la fibra y vitaminas de las que este tipo de carne carece. La salsa barbacoa preparada, la serviremos en salsera aparte, sin enfriar ni calentar, simplemente a temperatura ambiente.

 Del maridaje:

Al ser un plato denominado de los “fuertes”, marida bien con vinos bien asentados, tintos de crianza o reservas especiales, servidos a temperatura ambiente, o si la temperatura es muy calurosa, enfriados hasta los 16ºC, y cavas o champañas secos, de tipo brut, servidos entre 6, y 8ºC.

Esta humilde propuesta, o idea de cocina, como siempre, y salvo error de transcripción, u omisión, es de ustedes, para ustedes, y para que la gocen y disfruten bien. Porque no es que nosotros seamos muy buenos, es que somos buenos porque ustedes son los mejores, y saben dónde, cómo, cuándo, y qué elegir. Y también porque ustedes son, para nosotros… extraordinaria, y fantásticamente: Increíbles, Formidables, y Maravillosos, pero, sobre todo, ¡Fieles!, lo mismo que nosotros a ustedes. Porque Cocinero Sin Frontera es: ingenio y creatividad; ciencias y medicina holísticas; historia, evolución, y cultura; tradición y filosofía naturales; disciplina y método; estética, diseño, e imagen; y, sobre todo, espíritu de lucha y sacrificio, en aras de conseguir averiguar y poder ofrecer la verdad más honesta, digna, fiel, y pulcra, de la que se pueda disponer y ofrecer. Y todo ello, para ponerlo al servicio de la gastronomía de la comunidad humana global, entre otras cosas, porque nuestras propuestas e ideas de recetas de cultura gastronómica, y de actualidad e interés general, están hechas por el pueblo, y son para el pueblo, porque, si al final de todo, y en tan solo una ocasión, podemos conseguir que alguna persona, en todo el mundo, y alguna vez en su vida, pueda llegar a sentirse algo mejor al elaborarla, aprenda algo nuevo, sea feliz, disfrute con ella, y se sienta realizada como ser humano que es, nuestra labor, nuestro trabajo, y nuestra vida, no habrán sido, para nada, en vano. Por todo ello, como siempre, desde siempre, y para siempre, les damos las gracias, a todos, y cada uno de ustedes. Nos despedimos pues, hasta mañana, momento en el cual procuraremos presentarles, no una mejor idea, porque al menos para nosotros eso sería tarea imposible, pero si, al menos, bien diferente, instructiva, y divertida, como siempre lo intentamos.

Cocinero Sin Frontera, 2018©®

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