AGUJAS AL BIENMESABE, FRITAS AL ESTILO ANDALUSÍ

AGUJAS AL BIENMESABE,FRITAS AL ESTILO ANDALUSÍ

 INGREDIENTES:

 De las agujas:

o Un kilo de agujas frescas. Del adobo:o Una hoja de laurel, desmenuzada.o Tres o cuatro dientes de ajo seco, pelados y aplastados o machacados.o Una cucharada de orégano en hoja.o Una cucharada de pimentón dulce.o Una cucharadita de comino en polvo.o Dos partes de vinagre de vino blanco, por una de agua, hasta cubrir.o Aceite vegetal (oliva suave, o girasol).o Una cucharadita de sal marina.

 De la fritura:

o Harina de trigo.o Harina de garbanzos.o Azafrán en hebra, ligeramente tostada, deshumidificada, y desmenuzada manualmente.o Aceite: de oliva suave, o de girasol

 INTRODUCCIÓN:

La aguja (Belone belone), es una especie de pez, perteneciente a los denominados “azules”, como el chicharro o la sardina, y con los cuales mantiene muchas de sus características y proteínas de alto valor biológico.También, y como todo pescado azul, mantiene otra de las propiedades comunes y poco recomendables, que es la de ser más susceptible a contener metilmercurio que otras especies, aunque como ya se ha dicho en anteriores ocasiones, esto no convenga demasiado el divulgarlo para que se sigan manteniendo los precios al consumo, cosa que se logra excepcionalmente bien mediante la manipulación de la opinión a través de informes más o menos amañados, o con claros intereses económicos, y la desinformación a través de la prensa, la radio, y sobre todo, la televisión.Este pez, destaca, sobretodo, por la llamativa forma que presenta en fresco: alargado y picudo.Se distribuyen por aguas templadas del océano Atlántico, mar Mediterráneo, mar Negro y el mar del Norte.También, y según la región, recibe los nombres comunes de: ahulla, alcriques, alpabarda, corsito, guya, lanzón, y saltón.Su pesca se comercializa en los mercados, alcanzando, a veces, un precio bastante alto, pudiendo encontrarse en estos, tanto fresco, como congelado, para ser preparado preferentemente frito, a la parrilla o al horno. Y también se suele utilizar para elaborarlo en conserva, donde se puede apreciar perfectamente su brillo, y color, y su intenso y exquisito sabor.Las subespecies de mayor tamaño, también son codiciadas en la pesca deportiva.Sus espinas tienen un color verdoso inusual (debido a la presencia de biliverdina) lo que desanima a mucha gente a consumirlos, aunque dicho color es inocuo.Se cuerpo alcanza una longitud máxima normal de unos 45 cm, aunque se han descrito tamaños máximos de hasta más de 90 centímetros.No tiene espinas en las aletas, siendo la aleta anal un poco más larga que la dorsal; los dientes de la mandíbula son relativamente grandes y espaciados, con una mandíbula inferior un poco más larga que la superior, muy alargadas ambas en los individuos juveniles.Es una especie pelágica de aguas templadas que vive cerca de la superficie, con patrones de migración similares a los del arenque.Se alimentan de pequeños peces, especialmente de boquerones, sardinas, etcétera.Son famosos, y reciben el nombre de “saltones”, porque suelen dar grandes saltos fuera del agua, cuando se ven acosados.Dentro de esta especie, se distinguen principalmente las subespecies Belone belone acus Belone belone belone Belone belone euxini Belone gracilis, en el Mediterráneo

Aunque a estas alturas, este pez esté ya bien considerado entre el resto de pescados azules, esto no siempre ha sido así, entre otras cosas porque el leonés, Don Pedro José García Balboa, que fue un escritor y supuesto erudito benedictino español, perteneciente a la Ilustración, y más conocido como “Martín Sarmiento” o “Padre Sarmiento” (sí, el mismo de que se fue a cagar y se lo llevó el viento), obviamente, y como fraile que era, una de sus mayores preocupaciones era la de comer copiosa y extremadamente bien, que para eso eran los que tenían y ostentaban el poder eclesiástico, y por ende, eran amos y dueños de vidas, almas, y haciendas, y que dentro de su magna erudición también fue el que dijo (refiriéndose a la aguja), que era “muy seca, áspera, y desabrida”, llegando a calificarla cómo “el pescado más despreciable de todos“ (se nota, y bien a las claras, que dicho pescado no era del agrado de su “exquisito” paladar).Por tanto, no queremos ni pensar que, si este fraile se permitía este lujo, que es lo haría con el resto de los votos monásticos, votos religiosos, o votos canónicos, que son los votos o promesas que distinguen a un religioso de un seglar dentro de la iglesia católica, y mediante los cuales se pretende acceder a la vía espiritual por la que se logra la salvación a través de la renuncia de los placeres terrenales, y que según esta, son tres: pobreza, obediencia, y castidad, tratando de imitar, la supuesta vida de Jesucristo, según los consejos evangélicos.Otro desafortunado ejemplo, fue el del gallego José Andrés Cornide, señor de Cebreiro, de Madiz, y de Saa, regidor de Pontevedra, y que fue uno de los más conocidos miembros de la Ilustración gallega, que como era de origen hidalgo, en uno de sus ensayos afirmaba lo siguiente: “La carne de la Aguja es dura, seca y despreciable, y así nunca se sirve en las buenas mesas, siendo sólo alimento de las gentes de cortas conveniencias, o de los pescadores, que no reparan en delicadezas.”Incluso a día de hoy, esa opinión, derivada sin lugar a duda alguna, del desconocimiento de este pescado, y de la prepotencia de la clase social a la que pertenecían entonces, todavía sigue existiendo a día de hoy, puesto que en muchos sitios se sigue afirmando que su carne es poco apreciada por su repulsivo aspecto, el color verdoso que tienen sus espinas, y que su carne resulta dura, no recomendándose su consumo en fresco, siendo desviado hacía el sector conservero, como si algo que realmente estuviese, o fuese malo de verdad, fuera a mejorar por enlatarlo, que al fin y al cabo no es más que un proceso, como otro cualquiera, de elaboración, y por tanto, y como tantas otras cosas, si se hace bien, resulta bueno e incluso exquisito.Lo dicho, la formas y maneras de manipular la opinión pública, no conocen límites ni tienen escrúpulos. Pero una mayor demanda de este pescado, haría que inevitablemente bajasen los precios de otros, tales como el boquerón, la sardina, la caballa, o la melva, entre otros.Les recomendamos pues que, si no lo han probado, lo intenten ahora, puesto que además de económico y exquisito, la verdad, que es solo una, es que la carne de la aguja ni es seca, ni es dura, ni tiene ningún aspecto repulsivo, incluso si nos apuran un poco, diremos que sus espinas, al ser de un bonito color verdoso, destacan muy claramente sobre el blanco de su carne, con lo cual su retirada es más fácil que en otras especies, donde hay que buscarlas con lupa.Por otra parte, y refiriéndonos al adobo de “bienmesabe”, diremos que, se cuenta, a modo de leyenda, que en cierta ocasión que la Reina de España, Isabel II, se hallaba de visita en la ciudad gaditana de San Fernando, se le ofreció a degustar el cazón en adobo, frito.Esta, quedo tan impresionada y maravillada de su sabor, que no pudo por menos que exclamar: "¡Qué bien me sabe!".Desde entonces esta localidad gaditana, también conocida como la “isla de León”, llama “Bienmesabe”, a esta forma de aliñar y cocinar el cazón, concretamente, aunque en realidad el mismo adobo es extensible y ampliable a multitud de otras elaboraciones, y no solo con el propio cazón, u otros pescados, sino incluso con carnes de todo tipo, e incluso algunos vegetales, tal y como podremos comprobar en otras aplicaciones y/o recetas que se publiquen.Existe, y hay constancia, de que esta forma de conservar el pescado existía ya en el primer tercio del siglo XVI.Pero aquí hemos de puntualizar varias cosas:La primera de ellas es que cuando no existían medios de conservación, aparte de la salazón, el desecado, escabechado, o el ahumado, el adobo, al igual que sucedía con las carnes que se conservaban en orzas, bien sumergidas en manteca o en aceite, era otra de las posibilidades que la cultura popular, y todavía más en aquéllas tierras, donde convivían tres culturas: la cristiana, la árabe y la judía, tuvo un muy particular y excepcional desarrollo, la técnica del adobo, que en sí misma no es más que una forma de conservación.Hoy por hoy, la mayoría de los viejos métodos mencionados (adobo, escabeche, ahumado, orza, etcétera), han quedado relegados a un segundo plano, y son simples y meras formas de condimentar y mejorar el sabor de los alimentos.El adobo, por ejemplo, les confiere y da vida a alimentos que, por sí mismos, resultarían un tanto sosos o insípidos.Por supuesto, hay que tener acierto a la hora de adobar, para que ningún ingrediente prevalezca sobre los demás, ocultándose unos a otros, entre sí.Toda combinación de especias y hierbas aromáticas que se utilice en un adobo ha de ser, ante todo, muy equilibrada, y que ayude a realzar el sabor del propio alimento.Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), el adobo se define como un “caldo, y especialmente el compuesto de vinagre, sal, orégano, ajos y pimentón, que sirve para sazonar y conservar las carnes y otras cosas”.En cambio, cuando se refiere a la definición de “Bienmesabe”, cita textualmente: (De bien y me sabe), “Dulce de claras de huevo y azúcar clarificado, con el cual se forman los merengues”, y también “Otros dulces de diversa composición”.Y, por último, en Andalucía, Canarias, y Venezuela: “Dulce que se hace con yemas de huevo, almendra molida, azúcar, etcétera”.En cambio, el término, aplicado al cazón, ni siquiera se menciona, y de todas las formas de “Bienmesabe”, esta es quizá la única que realmente tiene una base real, con denominación de origen e identidad geográfica propia e indiscutible, además de estar mucho más extendida que el resto de recetas de dulce, y que son privativas de cada lugar.Cuando se habla del famoso “cazón en adobo”, a lo que se están refiriendo realmente, es al pescado en conserva, pero en este término no se define la forma de cocinarlo o guisarlo, sino simplemente a su forma de conservación.Para definir como nos lo vamos a comer, habrá que agregarle la coletilla de la forma en que se va a cocinar: rebozado y frito, guisado, etcétera.Este es el caso del famoso “Bienmesabe”, que la forma de conservación en adobo y en el aliño se utiliza orégano, mientras que, para la elaboración propiamente dicha del “Bienmesabe”, se le agrega, además, comino, independientemente de la harina, la sal y el aceite que se utilicen.Esta pequeña diferencia estriba en que el adobo debe de tener un cierto equilibrio, porque de lo contrario, el mismo adobo se “comería” o anularía, el propio sabor del alimento, que si lo que se pretende es disimular o enmascarar alguno, de dudosa procedencia o estado, le vendría muy bien, pero que, en cualquier otro caso, no. Por ello, en el caso del comino, de fuerte y penetrante sabor, es lo que nos sucedería, si lo expusiéramos, en este caso los agujas, largo tiempo a él, y por esto es por lo que se implementa tan solo a la hora de elaborarlos, o con un poco de tiempo de antelación a la fritura final.Su origen atiende también a los rituales “kosher”, judíos. Y, por tanto, se diga lo que se diga, y quien lo diga, esa es su auténtica raíz, de la cual además también se desprende la costumbre de usar otro tipo harinas, como por ejemplo la de garbanzo.Y todavía más, cuando los sefardíes que habitaban las antiguas tierras de Al-Ándalus, disponían de un amplio recetario ritualista al respecto.Aún, a día de hoy, y en purismo de conceptos, los que respetan las más antiguas tradiciones, todavía utilizan una mezcla al cincuenta por ciento de esta harina, junto con la de trigo, para el rebozado, aunque lo normal es utilizar, por simplicidad, una buena harina refinada de trigo, especial para freír pescados, asequible y adquirible, en cualquier supermercado.Es poco menos que curioso que cuando se mencionan las culturas que han pasado por tierras españolas, pocas, o ninguna vez, se hace mención a la judeo/hebrea.Y en cambio, la impronta que dejaron, fue casi tan grande como la que se llevaron tras su expulsión, que, aún a día de hoy, se continúan considerando como españoles. De hecho, “Sefardí”, significa “español”, en hebreo.Es más, se lo tienen a tan gran orgullo que, incluso ahora, cuando hace más de 500 años que ya no están en España, que allá, en tierras de Israel, ellos son y forman un mundo aparte del resto de los judíos.El nombre de “Sefard”, ya se menciona en la profecía de Abdías (versículo 20), como uno de los lugares donde habitaban los deportados de Jerusalén.Parece ser que la alusión bíblica se refiere a la antigua Sardis, ciudad de Asia Menor, aunque la tradición judía, sobre todo a partir del siglo VIII de nuestra era, tendía a identificar Sefard, con el extremo occidental del mundo conocido, que en aquel entonces era la península ibérica.De ahí que, desde la Edad Media, y muy especialmente durante la época de oro de la cultura hispano/hebrea, la propia población judía que habitaba en la península se autodefiniesen o llamasen “sefardíes”, a sí mismos, y con cierto orgullo, después de la obligada diáspora, tras la expulsión.Cuando se hace referencia a sefardí, se sigue un conjunto de circunstancias que definen la identidad de un pueblo como: la descendencia y la lengua.Para ser sefardí es imprescindible, obligatorio e inexcusable, ser descendiente de los judíos españoles expulsados de la península en el siglo XV o haberse asimilado socioculturalmente a ellos.Por tanto, quedan excluidos, no sólo los “asquenazíes”, también escrito como “askenazí”, o “ashkenazí”, que es el nombre dado a los judíos de origen europeo que se asentaron en Europa central y oriental después de la destrucción romana de Jerusalén en el año 70, y que formaron comunidades a partir de comienzos del siglo VIII d.C.Y los judíos de otras ramas étnico/culturales, que también habitaban la península antes de la expulsión, y a los que se hace referencia como judíos españoles y su cultura, cuando se expresa en hebreo, hebraico/española, o hispano/hebrea.Queda también fuera de esta catalogación, la primera generación de expulsados, que más debemos considerar como judíos españoles en el exilio que como verdaderos sefardíes, al no haberse producido todavía en su medio sociocultural los cambios derivados de haber vivido en una situación de aislamiento con respecto a la península.Tampoco se consideran sefardíes a los que se convirtieron y permanecieron en la península, a veces judaizando en secreto: los conversos, criptojudíos (el cripto/judaísmo es la adhesión confidencial al judaísmo mientras se declara públicamente ser de otra fe).A las personas que practican cripto/judaísmo se les refiere como cripto-judíos o criptojudíos), o también llamados “marranos”, del Siglo de Oro español, los cristianos nuevos de Portugal, o los “chuecas”, de Mallorca.La segunda de las circunstancias, es la consideración de los rasgos culturales hispánicos, y muy especialmente la lengua española en su variedad propia: el judeoespañol.Por lo tanto, y desde este punto de vista, solo se tiene en cuenta a los judíos oriundos de España que a lo largo de los siglos fueron asimilándose culturalmente al entorno de los países que los acogieron, perdiendo el uso del español.Conviene reiterar aquí que, aun siendo español de nacimiento, hablar español o judeoespañol, y compartiendo la religión judía, no da la condición de sefardí, ya que solo lo será, si además desciende de judíos españoles en el exilio.Pero, ¿por qué los sefardíes siguen creyéndose un mundo aparte? Pues porque siguen creyendo en sus escrituras y muy particularmente en la profecía antes mencionada de Abdías, y que reza del siguiente modo:“…beberán y engullirán, y serán como si no hubieran sido” (Abdías 15-21)El profeta Abdías ejerció su ministerio alrededor del 586 a.C. y la única forma de relacionarlo con una fecha es porque en el versículo 11 se habla sobre la total destrucción de Jerusalén.Recordamos aquí que Jerusalén había sido saqueada en varias ocasiones y oportunidades, pero destruida del todo, tan solo en ese año.Igualmente, en la versión original antigua, en el versículo 20, menciona a los cautivos de Sefarad (o Sepharad), que es España, y rezaba del siguiente modo y manera: “estamos presentes y prestos a un cautiverio grande y extendido en territorio”.Cierto es que existen versiones modernas de la Biblia en las que se ha cambiado u ocultado esa cita, pero originalmente esto es lo que decía la profecía.La profecía descrita, anuncia un reino que no perecería y que sería permanentemente, el de Yahweh, o Dios.Y como este reino aún no ha sido establecido, cuando se produzca (si es que se produce alguna vez), el tan anunciado advenimiento del mesías, Yeshúa (Jesucristo), y se instaure su Reino Milenario, ellos volverán a habitar su tierra, o sea, Jerusalén, o España, al gusto, porque como dicho reino abarcará toda la tierra, podrán elegir parcela.Prosiguiendo con la receta, o idea estival que presentamos hoy, y queriendo, como siempre queremos, cuando la base sobre la que la desarrollamos procede de la tradición más arraigada y popular, circunscribirnos a ellas, de la forma más original posible, utilizaremos pimentón por ser costumbre en la zona de origen desde que esta especia, proveniente de América, se empezó a utilizar popularmente a mediados del s. XVIII, pero que originalmente, y como es lógico, no se podía utilizar en la época sefardí.Lo que sí que vamos a respetar, es que originalmente se utilizaba una mezcla de harinas: de trigo y garbanzo, a la más pura tradición hispano/hebraica, tal y como era de rigor y ritual en las elaboraciones “kosher”, judías.El resto de la receta, según quien la elabore, mencionará unas cantidades u otras, ampliará, disminuirá, cambiará, o eliminará, especias o hierbas, etcétera, o como es el caso de hoy, donde a algo que ya de por sí es exquisitamente fantástico, le adicionamos el toque bonísimo y especial, que le aporta el azafrán a la fritura, y cuya incorporación, o variante del original, sí que es de cosecha propia.Y por si alguien piensa que hemos cometido un error gramatical o literario, hemos de explicar que el superlativo de “bueno”, es “bonísimo”, que es la forma que se emplea en el lenguaje culto o literario, aunque en expresiones coloquiales la palabra “buenísimo” tenga más aceptación. Y, además, en el Diccionario de la Real Academia Española, solo consta “bonísimo”, pero en otros diccionarios de “Uso Correcto del Español” (DUCE), el adjetivo “bueno”, admite los superlativos “muy bueno”, “bonísimo”, “buenísimo”, y “óptimo”. Así que ya lo saben, de pequeñitos no faltamos ni un solo día a escuela.Hemos querido pues, en esta propuesta, darles unas nociones orientativas y muy equilibradas, para que el resultado final sea el que su propio nombre indica, y que como decía la reina de España, nos sepa muy bien al paladar y provoque un estallido de sensaciones en las papilas gustativas y las glándulas pituitarias, tal y como se pretende.

 ELABORACIÓN:

 De las agujas:

Bajo chorro de agua fría, lavamos, descabezamos, y evisceramos las agujas.Dejamos escurrir muy bien y a pesar de ello, después las secamos bien con paño de cocina, o bien con papel absorbente, y las vamos depositando en un recipiente amplio, provisto de tapa.La cuestión fundamental es que estén, y queden bien secas, a la hora de añadirles el adobo, o marinado, que vamos a elaborar a continuación.

 Del adobo:

Seguidamente, con el mortero machacamos los ajos, y una vez los tengamos a medio machacar, añadimos el orégano, el pimentón, y la sal.Seguimos machacando un poco más para que se mezcle todo, muy bien, y nos quede una pasta o masa, muy homogénea.Vertemos el majado sobre las agujas, y desleímos y limpiamos muy bien el mortero, con la mezcla de agua y vinagre.A continuación, desmenuzamos manualmente el laurel y se lo añadimos, mezclando, y removiendo bien todo el conjunto para que se integren todos los ingredientes.Dejaremos adobar y marinar en frigorífico, hasta el momento de su elaboración, removiendo, de vez en cuando.Conviene recordar aquí, que cuanto más tiempo de maceración le demos, más se acentuarán los sabores de las hierbas y especias, de modo que como siempre, al gusto de cada uno.También conviene recordar que el recipiente deberá de estar, y permanecer bien tapado en dicho frigorífico, a fin de que la mantequilla, así como el resto de los demás alimentos que allí se encuentren, no sepan, o huelan después, a agujas en adobo.Dos, o tres horas antes de la elaboración final, añadiremos el comino, removeremos otra vez, y dejaremos macerar ya con todos los ingredientes, el resto del tiempo.Media hora antes de freírlos, los sacaremos del adobo y dejaremos escurrir completamente.Una vez bien escurridos, y a pesar de ello, los secaremos todavía si cabe, aún un poco más, con ayuda de papel absorbente.

 De la fritura:

En una sartén, provista de abundante aceite (la fritura es por inmersión total), a fuego medio, dejaremos que este se vaya calentando, hasta que alcance los 165/175ºCEntretanto, en una bolsa plástica al uso, mezclaremos las dos harinas, añadiremos el azafrán, junto con una pizca de sal, y mezclaremos bien previamente. Después ya podremos introducir las agujas.Insuflando un poco de aire a dicha bolsa, la cerramos herméticamente, para que no ensucie de harina la mesa de trabajo, y con unos cuantos movimientos de vaivén, extremando el cuidado para que las “agujas”, no nos pinchen la bolsa, los enharinamos por completo y bien.Después, las extraemos de una en una, y les sacudimos del exceso de harina, y reservamos sobre plato o bandeja auxiliar.Cuando el aceite dispuesto en la sartén, bien limpio, o nuevo, alcance la temperatura indicada, las iremos introduciendo, de tres, en tres, o de cuatro, en cuatro, cada vez, hasta completar tandas no extremadamente excesivas (media, o una docena, según tamaño o calibre de las agujas, estará más que bien).Recordemos que no se debe de exceder la cantidad a freír en cada una de las tandas, y que la introducción de las agujas en el medio graso caliente, debe de ser gradual y progresiva, sin prisas, para dar tiempo a que la temperatura que el aceite pierde en cada nueva introducción de pescado, se pueda recuperar.Este tipo de fritura es por choque térmico, que es el que hace que la harina se adhiera al pescado, y que al final esta quede tostada y crujiente por fuera, y bien cocidas por dentro, es decir, bien fritas.Por el contrario, si nos excedemos en la cantidad, o los introducimos demasiado rápidamente, al tardar más el aceite en recuperar la temperatura óptima de fritura, hará que las agujas se nos cuezan, y queden blanditas, lo cual arruinaría el plato, aunque siempre podrían servir para ser recicladas en croquetas, exactamente igual que si fueran boquerones, que tampoco están nada mal, pero que no es lo que se pretende ahora.Cuando observemos que las agujas empiezan a flotar, y ya han adquirido un bellísimo tono dorado y una textura crujiente, con ayuda de espumadera de rejilla al uso, las extraemos, y depositamos sobre bandeja auxiliar, provista de papel absorbente.

 De la forma de servir:

Con un poco de imaginación, y buen sentido organizativo y estético, los dispondremos en los platos de servicio, contados en raciones individuales, de modo y manera que quede un diseño apetecible, singular y original.Serviremos en mesa, todo lo más calientes y crujientes que se pueda, y según la habilidad y destreza de cada uno, acompañándolas de unos gajos de limón, o una salsa mayonesa o de “all i oli”, dispuestas en salsera aparte.

 Del maridaje:

Combina perfectamente con vinos blancos secos, a 11ºC, vinos finos de Jerez, Montilla-Moriles, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, Albariños, Ribeiros, blancos de Rueda, Navarra, o el Penedés, y un muy largo y extenso etcétera de vinos bien afrutados, servidos entre 9, y 10ºC.Y, por supuesto, y si así gusta, por qué no también con cervezas rubias, de tipo “pilsen”, o “lager”, servidas muy frías.

Esta humilde propuesta, o idea de cocina, como siempre, y salvo error de transcripción, u omisión, es de ustedes, para ustedes, y para que la gocen y disfruten bien.Porque no es que nosotros seamos muy buenos, es que somos buenos porque ustedes son los mejores, y saben dónde, cómo, cuándo, y qué elegir.Y también porque ustedes son, para nosotros… extraordinaria, y fantásticamente:Increíbles, Formidables, y Maravillosos.Pero, sobre todo, ¡Fieles!, lo mismo que nosotros a ustedes, porque Cocinero Sin Frontera es ingenio, ciencia, historia, tradición, diseño, filosofía natural, imagen, y cultura, al servicio de la gastronomía de la comunidad global, entre otras cosas, porque nuestras recetas de cultura gastronómica, están hechas por el pueblo, y son para el pueblo, porque, si al final de todo, y en tan solo una ocasión, podemos conseguir que alguna persona, en todo el mundo, y alguna vez en su vida, puede llegar a sentirse algo mejor al elaborarla aprenda algo, sea feliz, disfrute con ella, y se sienta realizada como ser humano que es, nuestra labor, nuestro trabajo, y nuestra vida, no habrán sido, para nada, en vano.Por todo ello, como siempre, desde siempre, y para siempre, les damos las gracias, a todos, y cada uno de ustedes.

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